Relato de Isabel Bernet
Maldito favor
Después de varios años sin salir de vacaciones, por fin tenían a alguien quien cuidara de Sam. Ese hecho les dio la libertad de poder irse, no querían llevarlo a un hotel de perros y sacarlo de su zona de confort. La suerte, quiso que Juan, el vecino de la casa de al lado, se ofreciera a quedarse con él, los doce días que iban a estar fuera.
La familia Juarez Peinado estaba conformada por cuatro miembros humanos y uno, no menos importante que tenia cuatro patas, Sam un bóxer marrón con manchas negras. Él, que llego a esa casa con apenas dos meses,un cachorrito, actualmente estaba a punto de cumplir doce años.
Maria y Jaime llevan dieciséis años casados, sus hijos, Marcos de catorce años y Rubén de diez, respectivamente.
Esta escapada era un sueño para los cuatro, su gran pasión por la naturaleza, había hecho que organizaran un crucero por los fiordos noruegos.
Juan, es un joven de treinta y pocos años que vive en la casa colindante, serio, responsable, reservado, con el que congeniaron, ya que prácticamente se veían a diario, bien a través de la valla divisoria, o cuando salían a pasear con Sam. No mantenían una amistad, pero eran buenos convecinos, por eso cuando hablaron de realizar el viaje, pensaron en él, ya que se llevaban bien. Se notaba que a Juan le gustaban los perros y Sam se ponía tan contento que daba saltos de alegría en cuanto lo veía.
Cuando apenas faltaba una semana para salir de viaje, quedaron, el matrimonio y el joven. Juan iría mañana y tarde a ver a Sam, por las noches lo metería en el garaje para que durmiese resguardado, por las mañana lo dejaría en el jardín, poniéndole el agua y la comida a diario.
El viaje estaba siendo de ensueño, paisajes, pueblos, excursiones, todo lo que desearon durante años, era una realidad palpable.
Juan, cumplía con lo acordado, por las mañana le hacia la visita pactada a Sam, que en cuanto lo oía llegar saltaba y ladraba. Pero una vez abierta la puerta y saludar al vecino salia corriendo, había prioridades, la suya era hacer sus necesidades, entonces, Juan le ponía agua fresca y su ración de comida. Esperaba que volviese y bebiera agua, entonces se marchaba y así día tras día.
Todo iba sobre ruedas, la familia y Juan estaban en contacto, pero cuando faltaban dos días para la vuelta , le llego un mensaje a Jaime inquietante, “Sam no aparece por ningún lado”. Antes de comunicárselo a los demás, al leer aquello, se aparto unos metros de su familia e hizo una llamada,
– ¿Juan que ha pasado?. Dime que es una broma. –
El joven respondió abatido. – Que mas quisiera yo que fuese una broma, ayer lo estuve buscando toda la tarde noche , pero…no quise preocuparos, Pero ya no se donde buscar.-
– Has mirado por el jardín, en su caseta, la piscina.- Le decía con desesperación Jaime.
– He buscado por todos sitios ¡¡No esta Jaime!! Espero que no haya saltado la valla cuando haya pasado alguien paseando a su perro.-
– ¿Has preguntado a los vecinos?-
– Por supuesto, que he preguntado. Envíame una foto que voy a hacer carteles.- La voz de Juan se notaba compungida.
– Ahora te la envío, te agradezco que vayas a hacer eso ya que nosotros no estamos allí…tampoco podemos adelantar la vuelta, es imposible.- Hubo un corto silencio. – Ahora como se lo digo a María y a los niños…-
-Ya verás como aparece, haré lo imposible por encontrarlo.- Aunque él sabia que eso, no iba a pasar
– Por favor Juan, avísame con lo que sea…con lo que sea.-
Jaime se quedo mirando el teléfono, de que forma se cuenta algo así y a tantísimos kms.
Cuando María le vio la cara, sabia que algo estaba pasando y no era bueno precisamente.
El hombre miraba al suelo mientras se lo comunicaba a su familia. – Sam ha desaparecido…-
– ¿Papá que estas diciendo?- Preguntaba Marcos, Rubén, no decía nada, el pequeño se echo a llorar y se abrazó a su madre.
– ¿Como puede ser? Alguien se lo ha debido llevar, porque Sam nunca se iría por voluntad propia. No es el tipo de perro que se fuese con cualquiera.- Dijo María con seguridad, si alguien conocía a Sam era ella.
– Juan me ha dicho que ha buscado por todo el jardín, la caseta, la piscina…nada. Ha preguntado a los vecinos, sin suerte. Me ha pedido una foto para hacer carteles. He pensado que si estuviésemos en otro lugar nos íbamos hoy, pero es imposible.-
Estaban destrozados, Sam es el quinto integrante de la familia, seguro que en un momento u otro iba a aparecer.
Enseguida, Jaime le comentó a su familia que solo habia una cosa que pudieran hacer desde tan lejos. Enviar a sus grupos de Wattsap una llamada de socorro, con lo que había pasado y que si alguien lo encontraba o le llegaban noticias de un perro deambulando, con sensación de que estuviese perdido que intentaran cogerlo, ya que no era agresivo y que les enviaran un mensaje. Que seria de gran ayuda para ellos, ya que estaban fuera.
Los últimos dos días fueron una tortura, salieron, porque no querían angustiar mas a los niños, pero por dentro estaban rotos, porque no había noticias, seguía sin aparecer.
La vuelta se hizo eterna, no veían la hora de llegar y saber si realmente las cosas habían sido como Juan las contó.
En cuanto llegaron, se dirigieron a la casa de Juan, él les explico que como cada día había ido por la tarde noche, para meterlo en el garaje y que no estaba, miro por todos lados, no había señal del animal. Que salió y pregunto a vecinos, miro también por los solares que estaban sin edificar llamándolo sin parar y que a las once de la noche volvió a casa exhausto, ademas debía madrugar para ir al trabajo.
La búsqueda por parte de todos fue un fracaso, clínicas veterinarias, protectoras, también fueron a una zona donde los indigentes tenían allí su cuartel general y muchos de ellos tenían perro, pero no hubo suerte… Por todos sitios pusieron carteles, todo era en vano , parecía que a Sam se lo había tragado la tierra. Fueron pasando los días, semanas, meses, todo seguía igual, excepto una cosa. Juan, había cambiado, apenas hablaba con sus vecinos, estaba mas delgado y tenia una mirada extraña.
María y Jaime, creían que aquello era producto de la desaparición de Sam, porque estaban casi seguros de que él, no tenia la culpa.
Juan era un informático muy codiciado por las empresas, pero en infinidad de ocasiones las apariencias engañan y el disponer de mucho dinero atrae a malas compañías, o mas bien a gente con unos vicios insanos que a la larga, te atrapan hasta llevarte al fin de tus días.
Llegó el momento en el que aquel joven, perdió su trabajo, apenas salia de casa, le visitaban personas, que no daban buen espina dando muy mala imagen a la urbanización. Un día Jaime y María , estaban en el porche, tomando su café , era el día que podían disfrutar de su tiempo, sin prisas. Cuando el hombre comentó.
-Qué pena me da Juan, se ha convertido en una persona huraña, seca y parece un indigente. ¿Que le ha podido pasar? Se tira las semanas ahí metido. ¿Crees que le puede haber afectado tanto lo de Sam, ya que era el responsable en ese momento?.-
-Yo no lo creo.- Respondió María.- Yo creo que hay un trasfondo pero no sabría decirte, es posible que esté enfermo y no quiera contar. Pero esas visitas que recibe, no me gustan nada, a mi parecer tienen aspecto de traficantes.-
– ¿Tú sabes lo que estas diciendo?. Me parece un acusación muy grave.-
En ese momento, acabo la conversación, también su café y empezaron con los quehaceres de la casa, porque durante la semana se ocupaban de hacer lo justo, el trabajo y los niños eran su prioridad, estaba el fin de semana para organizar la casa.
Tres días más tarde, a las ocho de la mañana, llamaron a la puerta con insistencia, María abrió la puerta con sigilo, no era normal que a esas horas viniera nadie y menos con esas formas.
– Señora María, le traigo esta carta que dejó el señor para ustedes si pasaba algo.- Era Liliana la señora de la limpieza de Juan, tiempo atrás venia a diario pero ahora venia dos veces a la semana,
– ¿Como que si pasaba algo? No entiendo. ¿Que me quiere decir con eso?.-
– Yo solo cumplo ordenes, habia una nota encima de esta carta. Que ponía, antes de avisar a alguien, se la llevas a ellos, pero que no la abran delante de los niños. Tiene que ser un secreto, jamás se lo cuentes a nadie.- La mujer estaba temblorosa, pálida, parecía haber visto un fantasma.
– ¿Pero de llamar a quien, que me estas queriendo decir?.- María estaba cada vez mas nerviosa. Estaba segura de que aquello no tenia sentido. No entendía nada. En ese justo momento apareció Jaime tras la puerta. La respuesta de la mujer a María no se hizo esperar.
– He encontrado al Sr. Juan muerto en el suelo del cuarto de baño y con tristeza les digo que ya lo esperaba.- Jaime se quedo de piedra después de la confesión de la mujer que continuó hablando.- Ahora voy a llamar a la policía, y me sentaré a esperar, no he tocado nada, solo lo que le acabo de dar.- Dijo la mujer con pesar.
– Llame desde aquí, no debe estar sola en estos momentos tan duros.-
-No.- Fue la respuesta de Liliana.- Ustedes lean la carta, los niños no deben vivir situaciones como esta.
Ante esta sorpresa desagradable, María y Jaime se fueron a su dormitorio a leer aquella extraña carta, porque tanto secretismo.
“Queridos vecinos, cuando leáis esta carta ya no estaré en este mundo, pero me siento en la obligación de contaros algo, ya que no fui honesto con vosotros. Antes de nada, decir que llevo años con problemas de adicción, pero siempre crei que lo podía controlar y no fue asi.
Os cuento esto porque Sam…no desapareció, no se escapo. Sam, murió por mi mala cabeza, por mi adicción, porque cuando estaba “puesto”, no existía otro mundo. Estuve dos días sin aparecer por vuestra casa, hacía un calor extremo y se había quedado sin agua. Cuando fui a verlo, estaba tumbado en el suelo, frio sin signos vitales. Llore como nunca , pero ya no podía hacer nada. Mi vida estaba controlada por algo que nunca pensé que me podía pasar a mi, Entonces hice lo que nunca debía haber hecho. Solo os ruego que no le digáis la los niños como pasó.
Lo cogí y lo metí, en una bolsa industrial, lo lleve a un congelador grande que tengo en el sótano y que no usaba. Allí esta…
Sé que es algo imperdonable, pero sabia que mi final estaba cerca porque no podía vivir así. Entonces acelere, puse el motor a cinco mil revoluciones queriendo desaparecer de este mundo y si habéis leído esta confesión, es que ya me he ido”
Juan
El matrimonio estaba llorando a moco tendido, jamás hubiesen imaginado un final tan cruel para Sam, no merecía eso, nunca fue su intención dejarlo con alguien que era un irresponsable. Se abrazaron, sabiendo que le debían algo a su perro. Llegaron al acuerdo
de que no le iban a decir a sus hijos como había sido su final. Pero sí que iba a tener el adiós que se merecía.
María se lavo la cara, llamó a su trabajo avisando que por motivos personales no iba a ir a trabajar. Juan llamo al suyo, tampoco iba a ir.
Llevaron los niños al colegio, a la vuelta, ya estaba la policía en casa de Juan, ellos, fueron a buscar los papeles para demostrar que eran los dueños del perro, enseñándoles la carta también. No era plato de buen gusto para nadie.
La policía no les dejaba acercarse, estaban investigando las causas de la muerte de Juan. En un momento dado, salio un sargento vestido de paisano y les dijo que la carta estaba en lo cierto. Que el perro estaba donde decía Juan , que como todo apuntaba que había sido una sobredosis, podían pasar a llevarse a Sam. Pero el sargento les pregunto.
– ¿Ustedes se ven preparados para llevarse al animal? Es una imagen dura.-
– No se si estamos listos para algo así, pero fue nuestro compañero de vida durante doce años, se merece un adiós como es debido.-
El sargento los acompañó al sótano, abrió el congelador y allí estaba. Era una imagen dantesca, los lloros de ambos resonaban por toda la casa, era mas duro de lo que imaginaban,dejaron un perro sano, alocado y se lo llevaban en una bolsa de basura.
Decidieron hacerle la necropsia, tenían claro que podría tardar una semana , solo necesitaban una cosa, saber la verdad.
Los niños nunca sabrían como pasaron las cosas, solo les dijeron que lo habían encontrado muerto. Algo que fue un shock para ellos. Pero saber lo que realmente había pasado los hubiese traumatizado para siempre.
Los días pasaron muy lentamente hasta que recibieron los informes. Sam había muerto por un golpe de calor. No les reconfortaba, pero al fin sabían que había pasado.
Un par de semanas después, todo estaba ya mas calmado, así que una noche, María, cogió la cajita donde tenían sus cenizas, se fue al porche y sola, mirando al cielo, le pidió perdón, mientras las lagrimas caían por sus mejillas. Y allí se quedo, durante un largo rato, imaginando que Sam, jugueteaba en el cielo corriendo, entre las estrellas.
Isabel Bernet
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