Relato de Lola Amador Beltrán
Entre los recuerdos que tengo de mi familia cuando era pequeña está la imagen a la hora de comer con mis hermanos alrededor de la mesa. Somos cuatro tres mujeres y un varón. Entre risas, juegos y peleas nos tomábamos la sopa, las croquetas, la totilla y el tan temido potaje…Pero la imagen más nítida que tengo es la de mi hermana Loli dando paseos mientras comía, no era capaz de tomarse el plato sentada en la mesa, tenía que estar en movimiento. Nosotros no entendíamos por qué y no dábamos importancia a su manía, dar vueltas y más vueltas mientras masticaba la comida.
Mi hermana se justificaba diciendo que le dolían las piernas y se le pasaba andando. Obviamente mi madre la llevo en muchas ocasiones al médico y este siempre respondía de la misma manera, era falta de calcio en los huesos y como solución frascos y más frascos del llamado Calcio 20 un brebaje de color blanco siempre presente en nuestra mesa.
Pienso que el desconocimiento o por la situación en los años 60-70 cuando España quería despegar de la pobreza y el fantasma del raquitismo y desnutrición estaba presente en la mente de todos los pediatras, todo se resolvía con la leche en polvo, la quina Santa Catalina o San Clemente, el aceite de hígado de bacalao, los complejos vitamínicos …y el Calcio 20.
Mi hermana no mejoró, incluso tenía permiso en el colegio para poderse levantar y pasear por la clase porque le era imposible mantenerse sentada durante todo el horario escolar.
El tiempo pasa y ahora estamos en otra etapa de la vida. Mi hermana es mi compañera de viajes, de salidas, de comidas, actividades. Nuestro día a día se ve muy alterado por su imposibilidad de permanecer sentada, acostada, tiene que estar en movimiento.
Somos compañeras de viajes. Ya me he acostumbrado a que aparezca una sombre durante la noche paseando de un lado al otro de la habitación. Me estoy acostumbrando a no poder viajar en autobús porque ahí no se permite ponerse de pie. Me estoy acostumbrando a que mi hermana siempre pida pasillo en el avión para poderse levantar durante el vuelo, a tener rutas cortas en coche para poder bajar y moverse….
Pero lo que no me acostumbro es que pase las noches en blanco porque las piernas la despiertan y no la dejan dormir, no me acostumbro a que se vea alterada su vida laboral porque no descansa y si lo consigue es porque esta empastillada y esto merma sus facultades. No me acostumbro a que se vean alteradas nuestras relaciones sociales porque todo depende de cómo haya sido la noche y últimamente de cómo va siendo el día.
Y no me quiero acostumbrar porque quiero que mi hermana tenga una vida plena, sin ansiedad, sin llanto ni desesperación y que viva sin el fantasma de las piernas inquietas.
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